ARTÍCULOS DE ACTUALIZACIÓN
Bebidas azucaradas,más que un simple refresco.
Soft drinks, more than just a simple drink.
ABSTRACT
The excessive consumption of soft drinks
(SD) has shown in studies performed in animals and humans increase the risk of
obesity, diabetes mellitus, metabolic syndrome, some cancers and osteoporosis. In particular, the presence of
fructose in SD is the monosaccharide that is attracting more attention because
of it detrimental effects on
weight gain and metabolic disorders. This review focuses on the potential role
of SD on the pathogenesis of obesity and other diseases, possible mechanisms of action and policies to reduce intake recommendations.
Key words: soft drinks, fructose, obesity, diabetes,
pancreatic cancer.
Paulo Silva O. Samuel Durán A.
Dirigir la
correspondencia a:
Profesor Paulo Silva Ocampo
Universidad San Sebastián sede Santiago Lota 2465, Providencia, Chile. Teléfono: + (56 2) 562 1311
INTRODUCCIÓN
Durante
los últimos 40 años se han experimentado cam-
bios profundos en el perfil epidemiológico de Chile (1), en este sentido cobra importancia la relación del consumo de bebidas
azucaradas (BA) y su asociación con obesidad, diabetes tipo 2 (DM 2) (2), síndrome metabólico, hipertensión, cáncer de páncreas y enfermedad coronaria (3-6).
Tendencias
en el consumo de bebidas
azucaradas
Actualmente
Chile se ubica entre los mayores consumi- dores mundiales de bebidas,
específicamente en el consumo de
Coca-Cola, ocupando el tercer lugar a nivel mundial con 79,1 litros per cápita al año (334 botellas individuales de 237 cc), siendo superado solo por México
(115,4 litros) y Estados Unidos
(103,3 litros) (7), hoy en día la familia chilena gasta el 1,38% (8) de su
presupuesto familiar en BA, cifra
menor que en 1988 en donde se gastaba
el 3% (9).
Una familia
chilena gasta en promedio $11.657 y consume 26
litros al mes en bebidas
gaseosas. Las familias
más pobres gastan $ 6.660
pesos y consumen
15 litros al mes. Las familias
pertenecientes al decil inferior el gasto en BA representa un 6% del gasto de alimentos (10).
Al
analizar la tendencia de ventas de BA se puede ob- servar un progresivo aumento desde el año 2003, duplicando las ventas en 1 década (10). Cabe destacar
que del total de ventas de bebidas sólo 19.1% corresponde al segmento “light” o
sin calorías (10).
Esta tendencia en el aumento
se refleja en el elevado
consumo diario de BA en niños obesos
chilenos de 8 a 9 años que es de 264,5 ml al día y
de 222,75 ml en niños de 10 a 11
años (11).
Las BA
tienen 44 Kcal por 100 ml, al calcular la ingesta
promedio en Chile sería de 95 kcal/día provenientes de las BA. Las
bebidas de fantasía pueden ser endulzadas con azúcar
proveniente de la remolacha azucarera, caña de azúcar, jarabe de maíz alto en fructosa o
edulcorantes no nutritivos como aspartamo,
acesulfame k o estevia, aportando estos últimos
0 kcal por porción.
La BA es el tercer producto
en importancia en la canasta de alimentos en Chile, sólo superadas
por bienes de consumo
básico como la carne y el pan (12).
EVIDENCIA EPIDEMIOLÓGICA EN
RELACIÓN AL
CONSUMO DE BA
BA e incremento de peso
Un
reciente meta-análisis de 22 estudios (transversales, intervención y
longitudinales), analizó el consumo de BA y el incremento de peso corporal
(peso y grasa corporal) encon- trando asociaciones positivas entre estas
variables (13).
Estudios de intervención como el de DiMeglio y cols, (14) y
Raben y cols. (15), muestran que el grupo que consumía
BA incrementó 1,6 k de peso corporal y 1,3 k de masa grasa en un periodo de 10 semanas.
En un
estudio de intervención con 224 adolescentes con
sobrepeso y obesidad fueron aleatorizados en 2 grupos, al grupo
intervenido se le redujo el consumo de BA, el resultado fue que el aumento
del IMC fue menor en el grupo
intervenido que en el grupo control
después de 1 año (cambio
IMC (-0.57, P=0.045), pero no a los 2 años de seguimiento (16).
Un estudio longitudinal con 548 escolares, muestra que con
cada 200ml/día de BA consumida
el riesgo de obesidad aumenta 1,6 veces
y el IMC en 0,24 Kg/m2 (17).
Otro estudio prospectivo de 19 meses de duración, en 548 niños en edad escolar indicó
que por cada
porción de BA había un aumento de 0,18 kg/m2 en el IMC (17). Cuatro estudios de cohortes prospectivas (18) mostraron una asociación positiva
de con- sumo de BA y obesidad
en niños y adolescentes, ejemplo
de lo anteriormente mencionado es el estudio
de Berkey y cols. mostrando un incremento del IMC 0,04
por porción adicional de BA, p=0,01(19). Papandreou D y cols (20) mostraron que el consumo
de BA se asocia un incremento en el riesgo
de sobrepeso y obesidad OR=2,57
(IC95% 1,06-3,38).
En adultos,
un estudio realizado por Bes-Rastrollo y cols, el
quintil más alto de consumo
de BA (≥ 87,5 ml día) presenta-
ba un OR= 1,6 (IC95% 1,2-2,1) para riesgo de obesidad (21). Un reciente meta análisis realizado por Morenga y cols. (22) concluye que el azúcar y las BA es un
factor en el aumento de peso, no así
otros hidratos de carbono OR= 1,55 (IC95% 1,32-1,82); similar
resultado fue reportado por Malik y cols.
(23) en otro reciente
meta-análisis (11 estudios
de cohorte prospectiva) indicó que el consumo de 334 ml/día BA se asoció al desarrollo de obesidad RR= 1,20 (IC95%
1,02-1,42). Mozaffarian y cols. (24) en un estudio prospectivo que incluyeron a 120.877 personas
(sin enfermedades crónicas
y normopeso), los cambios de peso y estilos de vida fueron evaluados cada 4 años y el análisis realizado fue ajustado por variables
como edad e IMC, indicando
que el consumo de BA (+0,4 k), junto a papas fritas
(+0,76k), papas (+0,58
k), carnes rojas (procesadas y sin procesar+0,43 k) se asociaron a
incremento de peso a largo plazo.
Dos ensayos clínicos aleatorios que duraron
entre 10 a 26 semanas examinaron el
efecto a largo plazo de la ingesta de BA cola con azúcar o con aspartame
(25,26). El peso y la grasa corporal
aumentó en 1,6 y 1,3 kilos respectivamente en los grupos que bebieron BA y
disminuyeron en 1,0 y 0,3 kilos respectivamente, los que consumieron
aspartame. El grupo que consumió la
BA cola incrementó la presión arterial en 3,8/4,1 mmHg, además las concentraciones de
marcadores inflamatorios se
incrementaron en el grupo que consumió BA colas 13% de aumento haptoglobina, 5%
tranferrina y 6% proteína C reactiva.
Una revisión sistemática y meta-análisis que
incluyó a 88 estudios (transversales, longitudinales y experimentales),
indicó que las BA se asociaron con menor ingesta de leche, calcio y otros nutrientes y con una mayor riesgo
de patologías como diabetes
mellitus. Además, cuando los estudios eran financiados
por la industria, los efectos negativos de las BA eran considerablemente más pequeños
que los no financiados
por la industria (13).
Finalmente 2 estudios de intervención no
presentaron asociación entre el consumo de BA e incremento de peso (27,28).
BA y diabetes mellitus
Wang y cols (29). Determinaron que en niños con sobre- peso un consumo
de 100 ml de BA se asociaba con un aumento 0,1 de HOMA y 1,1 mm
de Hg de presión arterial sistólica, en cambio en niños que presentaban intolerancia a la glucosa 100 ml de BA se asoció con un aumento de 1,4 mm Hg de presión arterial sistólica y 4 cm en
circunferencia de cintura.
En caso de la DM2 (Diabetes Mellitus 2), un
estudio indicó que el consumo de BA (>336 ml) se asoció
con un incremento en el riesgo de DM2 OR= 1,52 (IC95% 1,26-1,83), ajustando por ingesta ener-
gética e IMC
(30), Por otra
parte Fagherazzi y cols. (31)
en un estudio realizado
en mujeres italianas
mostró que un consumo >359 ml de BA presento un HR 1,34 (IC95% 1,05-1,71) para
incremento de riesgo de DM2. Situación similar se observó en el estudio de cohorte (n=40.389
hombres) realizado por de
Koning y cols. (32), en el cual el consumo de BA >1 porción/ día presenta un riesgo (HR) de 1,67 (IC95% 1,31- 2,13). Es
importante notar que la obesidad es un factor de riesgo para DM2, de hecho el riesgo relativo es superior a 5 (33), aunque al parecer no es el único
mediador en la asociación entre BA y diabetes, otros
mecanismos que podrían
estar involucrados son el efecto
glicémico de las BA y la resistencia a la insulina posterior (32).
Un estudio longitudinal que siguió durante 8 años a
91.249 mujeres, las que consumieron ≥ 1 porción/día de BA, tenía
el doble de probabilidades que las que consumieron <1 porción al mes de BA de desarrollar diabetes.
Malik y cols. (23) en otro
reciente meta-análisis indicó que el consumo de 334 ml/día BA se asoció a un incremento en el riesgo de diabetes RR= 1,25 (IC95% 1,10-1,42).
BA, síndrome metabólico, dislipidemia y
enfermedad cardiovascular
En un meta-análisis que incluyó a 294.617
participantes con 10.010 casos de diabetes 2 y 3.105 casos de cardiopa- tía coronaria, los individuos del
cuartil de mayor consumo de BA
presentaron 24% de mayor riesgo de enfermedad cardiometabólica que los sujetos
del cuartil más bajo de consumo, RR: 1,24 (IC
95% 1,12-1,34), al ajustar por IMC e
ingesta energética el riesgo se incrementó RR; 1,31 (IC 95% 1,16-1,48) (23).
Duffey y cols. (36)
detectaron que el consumo de 227 ml de BA se asoció a un incremento de triglicéridos, colesterol LDL y menor colesterol HDL.
El estudio de Dhingra y cols.
(35) indicó una mayor prevalencia de síndrome metabólico
en adultos que consumían ≥1 BA/día.
Se ha asociado
el consumo de BA a la enfermedad cere- brovascular,
indicando que el consumo de BA incrementaba
el riesgo de enfermedad cerebrovascular RR= 1,16 (IC95% 1,00-1,34) (37).
Finalmente un estudio de cohorte en hombres
con 22 años de seguimiento, indica
que los participantes con mayor consumo (3-7 veces a la semana) de BA (cuartil
superior) presentaban un riesgo
relativo mayor del 20% de enfermedad
coronaria que aquellos en el cuartil inferior el consumo de BA RR=1,20 (IC95%
1,09-1,33), además el consumo de BA se asoció
significativamente al aumento de los triglicéridos del plasma, proteína
C-reactiva, interleucina-6, y los receptores
del factor de necrosis tumoral
1 y 2 y con la disminución HDL, lipoproteína (a), y leptina (P <0,02) (38).
Bebidas gaseosas y riesgo de hiperuricemia
Recientes estudios han asociado el consumo de BA con un significativo mayor nivel de ácido úrico en suero
(39-41). Datos prospectivos también han sugerido que BA tienen el potencial de
aumentar el riesgo de hiperuricemia y gota en hombres (42).
Un reciente
estudio realizado en población coreana
mostró que el consumo elevado de BA en hombres (quintil 5 de consumo, definido como ≥13.4 mL/día)
presenta un OR ajustado 1.35 (IC= 95% 1.07–1.71). Análisis prospectivos mostraron que los cambios en los niveles
de ácido se producen cuando el consumo es de BA que
contienen fructosa y no BA que
contienen sacarosa (43, 44).
Se ha propuesto que la fructosa
podría jugar un rol im- portante
en la producción de ácido úrico intracelular y un aumento posterior de ácido
úrico en suero (45).
BA,
osteopenia y osteoporosis
Un estudio transversal realizado en México
con 328 mujeres en edad reproductiva
asoció el consumo de BA con el riesgo
de osteopenia u osteoporosis OR= 11,186 (IC
95% 5,7-21,6; p = 0,001). El consumo
de BA incrementaba en 3 veces el riesgo
de no beber leche en el desayuno
OR =2,791; IC 1,7-4,4 (p = 0,030) (46).
Estudios
transversales realizados en niños y adolescentes han asociado el consumo de BA
con una baja DMO (47-49), aunque los autores
sugieren que tales
asociaciones pueden ser debido a un reemplazo de la leche
por BA (50).
Tucker y cols (51), evaluaron a 1413 mujeres
pertene- cientes en el estudio de Osteoporosis de Framingham, indi- cando que las bebidas
colas se asocian
a una baja en la DMO
(ajustado por variables de confusión como una baja ingesta de calcio),
los autores consignan a la cafeína
como uno de los pasibles factores que disminuyen la
DMO. La cafeína junto al ácido fosfórico presentes en las BA
colas, la cafeína incre- menta el
calcio urinario (52); dietas altas en fósforo y bajos en calcio llevan a complejos que reducen el calcio sérico, la estimulación
de la hormona paratiroidea (PTH), que provoca
la resorción ósea.
Sin embargo se ha sugerido
que la cantidad de ácido fosfórico presente
en las bebidas colas es insuficiente
para causar este desequilibrio (50).
BA y
cáncer
Algunos estudios han reportado un riesgo
elevado de cáncer de páncreas con un alto consumo de BA, las que pueden contener una gran cantidad
de jarabe de maíz alto en fructosa (53,54), sin embargo
los datos no son completamente consistentes (55). Un
meta-análisis (4 estudios caso control y
6 estudios de cohorte) encontró un riesgo entre el consumo de BA y cáncer de
páncreas RR=1,21 (IC del 95%: 0,98-1,63) (55). Otro meta-análisis asoció el consumo consume de BA y riesgo de cáncer pancreático (RR
multivariado = 1.19; 95% CI, 0.98-1.46
comparado ≥250 gr/día de BA), los autores concluyeron que las BA presentan una asociación sugestiva y positiva para el
riesgo de cáncer (56).
Una revisión sistemática y meta-análisis (de
estudios de cohorte que han asociado
el consumo de fructosa, carbohi- dratos, índice glicémico y el riesgo de cáncer
de páncreas), concluyen que
determinados tipos de hidratos de carbono, especialmente fructosa >25 g/día,
puede incrementar el riesgo
de cáncer de páncreas RR = 1.22 (95%
CI: 1.08–1.37) (57).
Zhang y cols. (58) analizaron 13 estudios de
Cohorte (731.441 participantes de ambos sexos), seguidos entre 6 y 20 años con el objetivo de determinar la asociación entre
consumo de BA y riesgo de cáncer, el consumo de BA no se asoció con riesgo de cáncer de
colon. La relación entre BA y riesgo de
este cáncer de colon no se ha podido establecer conclusiones con respecto a
esta asociación (59).
POSIBLES MECANISMOS DE INCREMENTO DE OBESIDAD Y ECNT CON EL CONSUMO DE BA
Entre los principales mecanismos por los
cuales las BA pueden promover la
obesidad e incrementar los factores de riesgo cardiovascular se pueden nombrar:
el incremento ca- lórico directo,
estimulación del apetito, efectos metabólicos adversos al consumo de jarabe de
maíz alto en fructosa, la sustitución de leche por BA y a la pobre capacidad de saciedad
del azúcar en forma líquida, de hecho el ajuste del consumo calórico al beber BA es mucho menor si se compara con el consumo de azúcar en una matriz sólida (60).
La ingestión de azúcares refinados, en las BA
y espe- cialmente las que contienen jarabe de maíz alto en fructosa promueven la adiposidad a través de la síntesis
de triglicéridos (TG)
(lipogénesis de novo hepática, generando ácido grasos para la producción de TG hepáticos). La fructosa (muy utilizado
en la elaboración de bebidas
con jarabe de maíz alto en fructo- sa) en el hígado
es fosforilada a fructosa-1-fosfato por la fruc- tokinasa para luego sintetizar glicerol-3-fosfato molécula base de
síntesis de TG y al contrario de la glucosa
no es procesada por
fosfofructokinasa (uno de los pasos limitantes de la glicó- lisis más
importante), por lo tanto cuando es consumida en
grandes cantidades (al
consumir BA) se produce un incremento de TG. Existe evidencia
que después de una gran ingestión de fructosa
existe una aumento sustancial de TG plasmáticos en humanos y animales, ligando
además este proceso
a esteatosis hepática no
alcohólica (61,62). Esta sobreproducción de TG
contribuiría a un incremento del tejido adiposo y la posterior
acumulación ectópica de lípidos, fenómeno conocido también como
“lipotoxicidad” que se constituye como el nexo entre este fenómeno y la insulino resistencia. En humanos se ha observado una disminución de un 25% de insulino
sensibilidad después de 2 semanas
de dieta alta en fructosa
(63) asociado a lipo y glico
toxicidad (64) por lo tanto es probable, y así la información de estudios
longitudinales lo confirma, que la ingesta habitual de BA puede tener efectos
deletéreos en la sensibilidad a insulina. El aumento de los
niveles de lípidos hepáticos se
asocia con el aumento de la síntesis y secreción de VLDL especialmente la VLDL 1
(65). Para el ensamblaje intracelular de los TG en la VLDL es esencial
apoB, y cuando los lípidos hepáticos se
incrementa la degradación de apoB se
reduce. Existe una positiva correlación entre la ingesta de energía y la apoB postprandial y las
concentraciones de TG en sujetos que consumen fructosa,
lo que sugiere un balance energético positivo. Además
fructosa se comporta distinto a glucosa al disminuir
la actividad de la lipoprotein lipasa (LPL), al
producir una menor respuesta de insulina postprandial y sensibilidad a la insulina (66) manteniendo los niveles eleva-
dos de TG en comparación con quienes consumen glucosa. Se ha demostrado que el tejido
adiposo subcutáneo (TAS) es
más sensible a los efectos
de la insulina en la activación de la LPL, por lo tanto las respuestas
diferenciales de LPL pueden contribuir al aumento en el depósito de grasa en el
TAS en los sujetos que consumen
glucosa y un aumento del tejido adiposo visceral en quienes consumen fructosa (67).
Se ha sugerido que el consumo de fructosa promueve el
desarrollo del SM mediante el aumento de adiposidad y resistencia a la insulina en el tejido adiposo, lo que conduce
a un aumento de ácidos grasos en la circulación (68).
Un estudio en
ratones, que recibieron bebidas con fruc- tosa, sacarosa o agua ad libitum y que midió posteriormente el peso corporal, la masa grasa y el metabolismo energético, los ratones que consumieron fructosa presentaron los mayores aumentos en el peso corporal, grasa corporal tanto expresa- do en términos absolutos
como porcentuales a pesar que la ingesta total de calorías fue similar entre
ambos grupos (69). La fructosa también
puede aumentar el ácido úrico en suero, lo que puede reducir
el óxido nítrico
endotelial e in- crementar la presión arterial, siendo un factor de riesgo para accidente
cerebrovascular isquémico hemorrágico (70).
Estudios en animales han demostrado
una estrecha relación entre el
consumo de azúcar y la aparición de hiper- tensión arterial (HTA). En un
estudio realizado en ratas, se les reemplazó el agua por una solución con
sacarosa al 8%, presentando la semana siguiente un incremento en la presión
arterial y taquicardias, no relacionó con la ganancia de peso (71). Además
la fructosa incrementa en animales los niveles de epinefrina en corazón, páncreas
e hígado (72), lo que
sugiere una mayor activación simpática en estos órganos. A nivel del miocardio una elevada ingesta de
fructosa en ratas induce hipertrofia del ventrículo izquierdo, al parecer a consecuencia
de activar el sistema renina-angiotensina-aldosterona y esti- mulación simpática (73).
Cáncer
etiopatogenesis
El mecanismo específico que explica la
asociación entre consumo de fructosa
y cáncer de páncreas es especulativo. Se ha demostrado que la fructosa
contribuye de mayor forma que la
glucosa en la síntesis de ácido nucleico a través de la vía del fosfato de pentosa (catalizada por transcelotasa) (74). La síntesis de ácidos nucleicos y
nucleótidos son necesarios para la proliferación en especial para las células cancerosas, además la activación de
transcetolasa estimula el crecimiento del tumor (75).
La fructosa, incrementa la producción de
ácido úrico, producto del metabolismo de las purinas, lo que incrementa el
riesgo de gota entre los grandes consumidores de este monosacárido (42,44).
Curiosamente, un estudio informó un incremento en el riesgo
de cáncer de páncreas en hombres con niveles séricos
elevados de ácido úrico, aunque
no se observó asociación en las mujeres
Finalmente
el colorante caramelo
encontrado en algunas BA (colas) puede ser una fuente
potencial de productos fi- nales de glicación
avanzada, (34) los cuales son considerados como factores que estimulan la cascada proinflamatoria, ellos actuarían promoviendo la insulino resistencia (76,77), la que a su vez se ha relacionado con la
iniciación, crecimiento y desestabilización
de las lesiones ateroscleróticas.
Jarabe
de maíz alto en fructosa
El jarabe de maíz alto en fructosa
es uno de los endulzan- tes principales en las bebidas,
en 1970 representaba <1% de todos
los edulcorantes calóricos disponibles para el
consumo en los Estados Unidos, ya en la década del 1980, el mercado del jarabe de maíz alto en fructosa
incrementó su participación en el mercado debido a su
bajo costo Este jarabe consiste en 55%
fructosa, 42% glucosa
y 3% de otros edulcorantes, ya en el año 2000 representaba al 42% de los edulcorantes calóricos de la dieta de los Estados
Unidos (78, 79). El consumo
total de fructosa ha aumentado
en 30% en los Estados Unidos en los último 30 años (78). El incremento en el
consumo de jarabe alto en fructosa en las últimas
décadas supera a cualquier otro alimento o grupo de alimentos. Actualmente no sólo se utiliza en bebidas y jugos sino además en
productos horneados, dul- ces, aderezos para ensaladas y otros alimentos
procesados (80). Numerosos
estudios experimentales en roedores han mostrado
que dietas altas en fructosa no solo se asocian a aumentos en la adiposidad y triglicéridos sino que también con
insulino resistencia (59, 81).
El consumo de leche ha disminuido en las
últimas déca- das, situación contraria a ocurrido con el consumo de BA. En Estados Unidos el consumo
de energía proveniente de la leche disminuyó un 38% entre 1997 y 2001
(82). Este cambio entre el consumo
de leche y BA ha dado lugar
a una menor ingesta diaria de proteínas, calcio,
fósforo, magnesio, zinc,
y vitamina A (en
el más alto nivel de BA, >2 vasos)
(55). French y cols. (83) señalaron que las BA pueden desplazar
el consumo de leche y reducir la
ingesta de calcio en niños, lo que incrementaría el riesgo de osteoporosis y
fracturas óseas.
Los resultados en escolares son consistentes
con lo an- teriormente dicho, dado
que se observó que niños que con- sumían 255 ml al día de BA ingerían 200 kcal adicionales que no lo hacían (21). Una publicación chilena de intervención por 16 semanas demostró que reemplazando consumo habitual de BA
por leche puede tener efectos favorables en la masa magra y el crecimiento de niños de 8 a 10 años poniendo de
manifiesto su restricción podría tener un efecto protector (84).
Impuestos
a BA
Estudios sugieren que
los impuestos sobre
las BA pueden reducir la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovas- culares
(85, 86). Algunos de estos estudios sugieren que si el incremento en el
precio de las BA no es significativo (<15%) o no se consideran otros
factores (como otros impuestos ali- mentarios,
nivel de consumo y prevalencia de la obesidad o
la diabetes), estas medidas no tendrían el impacto esperado en la salud de la población (87).
Entre los factores
relacionados con la aplicación de un impuesto a las BA, se ha descrito que tendrá un mayor
impacto en las clases sociales bajas, que a su vez son las que están en mayor
riesgo de obesidad o sobrepeso. Uno de
los estudios más recientes estima que un incremento en 15% en los impuestos
producirá una reducción del 16% en su consumo, lo que se traduciría en una
reducción del 1,5% en obesidad y 2,6%
en la diabetes tipo 2 (84). Otro reciente estudio realizado por Finkelstein y
cols. (88), ha sugerido que un
incremento en el impuesto del 20% en la BA puede lograr una reducción del 4,7%
en el consumo del total de calorías en la dieta,
y esto se traduce en una pérdida
de peso corporal anual de hasta 0,725
kg.
Una reciente revisión sistemática (89),
indica que los es- tudios sobre
impuestos a las BA son los más comunes. Tedfft y cols. (90) y menciona que un
aumento real del 10% en los impuestos de BA en un estado de Estados Unidos,
redujo el gasto medio en un 0,7%. Por
el contrario Gabe (91), indica que un 10% de impuestos sobre las BA en Estados Unidos, utilizando los datos de venta,
predice una reducción de venta de BA en un 4,8%. Gustavsen (92) por su parte
predice que el aumento de bebidas alcohólicas en Noruega en un 27%, duplicando las tasas de producción y
del IVA, reduciría el consumo promedio en un 44% en los consumidores habituales y en un 17% n los consumidores ocasionales.
Asfaw y cols. (93) evaluaron los efectos
directos de los impuestos sobre las subvenciones sobre el peso corporal a
partir de datos históricos, indicando que los subsidios guber- namentales sobre
el azúcar y pan pueden haber contribuido sobre la epidemia de obesidad en
Egipto.
Los economistas están de acuerdo de que la
interven- ción sobre los mercados se justifica siempre y cuando se desee disminuir o eliminar
externalidades negativas que son generadas por el consumo de ciertos bienes o
de utilizar este instrumental con fines redistributivos y con respecto a
esto existen fallas en el mercado de BA imposibles de soslayar, primero, no toda la población tiene clara la relación
entre el consumo de BA y las consecuencias de salud asociadas, por lo tanto los consumidores toman decisiones de compra sin tener
la totalidad de la información y más aún estas decisiones de compra pueden ser influenciadas por las
masivas estrategias publicitarias que realizan
los productores de BA, segundo, por la
preferencia temporal
inconsistente (decisiones que provocan gratificación a corto plazo y
daño a largo plazo) exacerbada en niños y adolescentes, tercero, las
externalidades genera- das en el
mercado de las BA en el que los consumidores no miden los costos de sus decisiones y que genera
elevadísimos costos de salud para la sociedad, de tal forma que ni siquiera las ganancias de los productores
de BA los protegen a ellos mismos de
estas “externalidades” de hecho los costos de la
obesidad solamente en los Estados
Unidos alcanza los 147 mil millones de dólares anuales (94).
Todas las razones anteriores justifican la intervención de este mercado a través de la reforma
del impuesto específico de las BA, estrategia
avalada por informes internacionales (94). Una política de modificación de
impuestos es factible de administrar, pero debe tener continuidad en el tiempo, promover el consumo de bebidas no
calóricas y estimular a los
fabricantes a modificar sus productos.
Un argumento
en contra de los impuestos
a las BA es su regresividad, ya que impone una mayor carga sobre los pobres, Farra y cols (89) indican que el impuesto
sobre las BA impondría
una carga desproporcionada a las familias
de bajos ingresos que no reduzcan
el consumo de BA, por otra parte Nnoaham y cols. (95) encontraron que los impuestos
sobre los alimentos poco saludables tenían un efecto regresivo que no fue bien compensado por mayores beneficios para la salud. La mayoría de los estudios
se basan en supuestos, no hay estudios
experimentales disponibles, lo que podría
reflejar la dificultad de diseñar estos estudios de intervención, pese a
esto los autores apoyan las recomendaciones actuales de que los impuestos
y las subvenciones deben ser incluidos como parte de una estrategia integral de prevención de la obesidad
(89).
En Chile el IABA (impuesto a bebidas alcohólicas, analco- hólicas y productos similares), es un impuesto que
grava las ventas e importaciones de estos productos, y las operaciones que se realizan entre
vendedores; actualmente su tasa es 13%, aplicable a la misma base imponible del
IVA a nivel de productor. No están afectas a este impuesto las ventas que realiza el comerciante minorista al
consumidor final. Cabe señalar, que el IABA grava a productores, envasadores y
distribuidores, aun cuando éstos vendan a consumidor final. Por otra parte se debe eliminar
la venta de BA en los colegios e incrementar campañas de
comunicación que incentiven el consumo
de alimentos saludables (96). Un estudio chileno muestra que las BA ocupan el
quinto lugar en preferencia de ventas
en los colegios (97).
CONCLUSIÓN
Existe evidencia que asocia el consumo de BA
con un incremento en el riesgo de
obesidad y ECNT, es necesario buscar estrategias para disminuir su consumo, especialmente a través de la educación y del aumento de impuesto
a estos
productos, pero tiene
que ser parte de las intervenciones más complejas
para modificar los hábitos alimentarios y estilo de vida de la población.
RESUMEN
Actualmente
se observa un consumo excesivo
de bebidas azucaradas (BA).
Estudios en animales y humanos sugieren que
su consumo incrementaría el riesgo de obesidad, diabe- tes mellitus, síndrome
metabólico, algunos tipos de cáncer, osteoporosis.
En particular, la fructosa presente en las BA es
el monosacrárido que está atrayendo más la atención por sus efectos
perjudiciales en términos de ganancia de peso
y trastornos metabólicos. Esta revisión se centra en el papel potencial de las BA sobre la patogénesis de la obesidad
y otras enfermedades, posibles
mecanismos de acción y recomenda-
ciones políticas para reducir su consumo.
Palabras clave: bebidas azucaradas, fructosa, obesidad, diabetes, cáncer de páncreas.
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Del paper anterior en el cual se dan evidencias claras de el daño que le hacen las bebidas azucaradas al cuerpo humano, aumentando el riesgo de padecer alguna enfermedad no transmisible.
Del texto anterior Ud. respondera las siguientes 6 preguntas. Dichas respuestas deben ser enviadas en un plazo de 9 dias, indicando su nombre y curso a mi correo: eduardo.snaeduca@gmail.com
Preguntas:
1. ¿Que lugar ocupa México a nivel mundial en consumidores de BE (bebidas azucaradas) y cuantos litros al año consumen por persona?
2. ¿En Chile cuantos ml de BE ingieren los niños de 8 a 9 y de 10 a 11 años?
3. En el experimento realizado en el cual comparaban el el peso y la grasa en un largo plazo en grupos que consumian bebidas azuradas y otras con aspartame ¿Los grupos aumentaron o disminuyeron el peso corporal y la grasa? indique el valor de incremento o disminución.
4. ¿El consumo de BA y la obesidad son un riesgo a considerar en relación al desarrollo de la diabetes mellitus 2 (DM2)?
5. Como conclusión Ud. ¿Que medidas tomaria para bajar la ingesta de BA en su entorno escolar?. Nombre 3 medidas.
6. ¿Cual es el endulzante principal utilizado en las Bebidas Azucaradas BA?
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